
como nunca he ido a parís, a mi siempre me quedarán la poesía. y eso ha sido hoy, un día de poesía. un día de renovación. de los que se necesitan a veces.
he vuelto a una de las mayores poetas de la historia de la literatura universal, la estadounidense sylvia plath. para mí sus poemas son muy especiales. porque de alguna manera, siento una conexión con ella, me siento alma gemela de una mujer que escribió a mediados del siglo xx. no se puede decir que haya influido demasiado en mi forma de escribir, no creo que yo escriba en un estilo parecido al suyo, si es que se puede decir que yo tenga un estilo de algún tipo. pero cuando leo su obra, cuando leo sobre su vida, la siento cercana y me veo profundamente reflejado en una existencia que en nada se parece a la mía. pero así es.
este volumen lo he comprado en la, frecuentemente, poco interesante librería dle corte inglés. a mediados de este verano. en el estante de poesía y teatro. nunca voy a comprender esas extrañas uniones, como poesía y teatro, dos géneros que comparten apenas una pequeña media estantería, debajo de la de religión o la de ocultismo. como se puede deducir no son géneros muy apreciados por la caterva de lectores de "best-sellers" y libros de moda. porque esto no es un asunto de cultura, es un asunto de moda. y de economía. y esta edción es la primera en castellano de sus obras completas en la edición de su marido, famoso escritor también. otra pobre mujer de letras en brazos de un eclipsante marido. la historia de la literatura hecha por mujeres.
es una poesía para disfrutarla y leerla despacio, masticarla, pensarla. de los nueve o diez poemas leídos en varias horas, destaco uno que dedica la autora a su marido, ted hugues, titulado "oda a ted". tan interesante como el poema es la nota a pie de página que reproduce el siguiente fragmento de una carta de la autora para dar sentido al poema:
"¡No puedo parar de escribir poemas! Cada vez me salen mejor. Nacen de las palabras de los bosques, de los animales y de la tierra que me muestra Ted [...] Bebemos jerez en el jardín y leemos poemas; no nos cansamos de recitar fragmantos: él recita un verso de Thomas o de Shakespeare, y me reta: ¡Sigue tú!"
conocer momentos como éste, hace más rico el poema. me provoca un poco de envidia y evoca algún insano recuerdo sobre dos persona y un libro de poemas. pero eso es, claramente, otra historia.

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